Eso es todo amigos…

Después de tantos años, tantas idas vueltas, tantas palabras que significaron tanto pero que finalmente no sirvieron para nada, se acabó. 

Es increíble como los daños y no los años -como reza una canción de Juanes- develan quién es realmente una persona y en ese momento es bastante tarde para arrepentirse de haberle entregado a manos llenas miedos, verdades y sueños,  a la par de todo lo demás, que justo en este momento es lo de menos. 

Es absolutamente difícil no sentir que las emociones negativas se apoderan de ti por más inteligencia emocional que te jactes tener. Pero en mi caso ya no hay rabia que sentir, ni tristeza que manejar, solo una inmensa decepción porque cada situación termina demostrando que muchas personas son “actores estelares” con tal de conseguir sus propósitos.

Lo que queda por preguntarse es ¿Alguna vez pensaron siquiera un instante en lo que podía sentir el/la pobre tonto (a)?  La respuesta es NO en mayúsculas chillonas, porque cuando se es un vil egoísta, la consideración por los demás es una pérdida de tiempo. En este caso, te conviertes en una simple ficha de un juego del que no sabes nada hasta que te niegas a actuar como el mundo lo espera, siendo allí el momento de ver todo con total claridad. 

Hay quienes no entienden el poder de las palabras, el daño que pueden hacer, todo lo que puede estar implícito en una sola de ellas, aunque te tomes la molestia de explicarlo paso a paso como a un niño de primer grado. 

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The Back up

Según Wikipedia, el respaldo es: “una copia de los datos originales que se realiza con el fin de disponer de un medio para recuperarlos en caso de su pérdida.” Cosa que funciona bien en el área de tecnologías de la información. En la vida real, sentir o saber que eres el respaldo de alguien es algo bastante ambivalente, porque si sucede con un amigo, sentirse privilegiado es la opción; por el contrario, si es con alguien a que encaja en la denominación de ex en todas sus categorías (amigo con beneficios, novio, salida y/o demás términos afines) la percepción cambia totalmente.

Sin querer queriendo empiezas a preguntarte: ¿reflejo esa percepción en quien se acerca, o acaso mi suerte es tan mala que eso es lo único que atraigo? si no es ninguna de las anteriores, buscas en lo más recóndito de tus acciones para ver si es el karma el que está pasando factura. Sin haber dilucidado cuál de todas las hipótesis es la correcta -ya que difícilmente podrás acertar- empieza la ardua tarea de cuestionarte acerca de si aceptar o no ser nuevamente “El Plato de Segunda Mesa”, expresión utilizada en mi país para definir a alguien que sólo está ahí para cuando se le necesita y nada más.

Lo antes expuesto implica, que lo último que se te puede ocurrir en una situación como esas es dejar que florezcan sentimientos, es completamente necesario convertirse en un ser frío y calculador para vivir una experiencia de esa naturaleza; si no puedes hacer eso, olvida por completo jugar a ser el respaldo de otro porque estarías tomando directamente de la cicuta y ya sabes cual es el funesto resultado.

Claro, esa es la parte racional, la parte consciente, la que sabe qué y cómo hace las cosas. Generalmente todo sucede de la forma equivocada, conoces a alguien, te gusta hasta la médula, tienen una química endemoniadamente genial, la consuman una y otra vez; hasta que un buen día aparece la realidad abofeteando con fuerza tu cara , diciéndote que la mágica relación que creíste tener, ni siquiera puede calificarse como tal, solo fue un simple espejismo. Y quedas ahí  con cara de póker, esperando, deseando, necesitando que te digan que todo lo que acabas de descubrir es una desagradable mentira.

Pero no lo es, es la cruda verdad en tus narices, sin darte espacio suficiente para voltear obligándote que la mires directamente,  que tomes acciones ya que la vida es un tren de carga sin frenos que sigue adelante así no estés preparado para lo que trae. Quedarte llorando en los laureles no es una opción, negarte lo obvio tampoco; la premisa es aceptar, asumir, definir y establecer parámetros para evitar caer cual presa en trampa. Porque no se puede olvidar que ese tren de carga algunas veces es muy cíclico y puedes terminar embarcandote en un vagón muy parecido al que ya subiste una vez.

 

Después de tanta indecisión, henos aquí…

Queriendo encontrar la manera de expresarme  de la manera más indirecta posible, creo que un blog es lo mejor para ello. Aún me encuentro definiendo la naturaleza que tendrá, es algo que a corto plazo haré, pero bien dicen por allí, comenzar es la parte difícil, luego de hacerlo, cada cosa tomará su lugar y su momento -en este caso- cada palabra lo hará.

Mientras tanto, me aventuro en una nueva experiencia, un nuevo camino, una necesaria ocupación y una bienvenida distracción. Una forma de liberar tantas emociones contenidas, no pretendiendo agobiar, sino por el contrario, quizá otros puedan sentirse identificados con alguna u otra situación.

Les doy la bienvenida a mi mundo. Me doy la bienvenida a este universo.