Entre la espada y la pared

Dicen por allí que la paciencia es una gran virtud que no todas personas tienen, así mismo, es bastante díficil cultivarla cuando se vive sometido a todo tipo de presiones en la generalidad de los casos. Ahora, cuando hablamos de un ser humano que vive en la constante zozobra e incertidumbre de perder lo que se considera como básico para su bienestar, la cosa se pone mucho peor.

El venezolano promedio intenta día a día vivir con cada viscisitud que se le aparece y evita –siempre que puede – caer en estado de desesperación. Yo me considero un miembro de ese grupo: de los que no nos echamos a llorar ante los aspectos menos agradables, de los que le echamos un camionado de ganas y fuerza de voluntad para surgir adelante, de los que creemos que siempre hay una luz al final del tunel. Pero en días como hoy y los que están por venir, se hace muy díficil mantener esa actitud, sobretodo cuando la injusticia reina impunemente en el país que nos vio nacer.

Meter la vida en una maleta y esperar conseguir algo mejor fuera de nuestras fronteras más que un deseo se convierte en una necesidad, al darnos cuenta que nuestra capacidad de aguante se está resquebrajando, al ver que por más intentos que haces para pintar de colores esta gris realidad, no funciona, termina saliendo otra cosa peor que la anterior y eso te golpea el alma.

Creo que nunca había contemplado tan seriamente la idea de “irme demasiado” como dice un amigo; extrañamente siempre encontraba un motivo que me hacía pensar que era posible lograr un cambio en este país, podernos librar de esos seres nefastos que rigen las riendas y nos tienen en total destrucción y casi que en total sumisión por un plato de comida – sí, así de rudo como se lee – pero resulta que quitar a los principales responsables de la ruina de esta hermosa nación se está convirtiendo en una labor titánica ¿las razones? el tedio del venezolano común, mezclado con los intereses de quienes tienen todo para perder y mucho para ganar si seguimos en debacle, y de aquellos que utilizan la “viveza criolla” para vivir sin mayor esfuerzo que el de calarse una cola y revender lo que consiguen, entre otras y otras.

Siempre he pensado que con esfuerzo, dedicación, trabajo y constancia se logra salir adelante, pero resulta que en un país donde los valores se quedaron en los libros, estos preceptos no sirven; aquí, quien más “influencias” tiene, es quien consigue un trabajo, la meritocracia es sólo una palabra que forma parte del diccionario y el termino enchufado marca – en la mayoría de los casos – los logros que puedes obtener.

Por ahí leí que “irse de Venezuela es como divorciarte de quien todavía amas” y cada vez que pienso en irme más peso cobra esa frase, sin embargo, estoy segura que nadie debe permanecer en un lugar o situación que solamente le hace sufrir. En el equipaje meteré mis sueños, mis esperanzas, mi fe en que algún día todo cambiará y podré regresar; pero mientras tanto, solo queda comprender que ninguna de las dos opciones es la fácil y justo ahora, quedarse se está convirtiendo en una elección casi imposible.

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Tú y ella (Crónicas de vivir con ansiedad) 

No es malo dejarse llevar por lo que se siente, eres humano, las emociones son parte fundamental de la existencia y la evolución, aunque algunas veces sea tan duro como para hacerte pensar que puedes ser derrotado. En este punto si te resistes, es como dar dos pasos atrás después de haber dado uno adelante y es algo que no debes permitir, así que cuando sientas que no puedes más  aférrate a la fe, a la invisible pero presente fuerza de voluntad para soportar los embates de aquello que no puedes controlar, respira adecuada y profundamente y espera, paciente y fervientemente a que termine. 

Dios no te da más peso del que no puedes soportar, ni te hace vivir situaciones más allá de tu resistencia. A veces, caminar cerca del abismo tiene sus beneficios: te enseña a luchar, a convivir de manera “equilibrada” con aquello que no puedes derrotar pero tampoco vas a dejarte vencer. Entenderás -aunque te cueste mucho- que si enfocas tu energía para ser fuerte lo lograrás, así como también te será más fácil entender y aprender cómo lidiar con las aristas menos amables del cubo de la vida. 

Debes recordar que no eres la única que lucha constantemente, todos en algún punto pasan por eso, pero es ahí donde la inteligencia emocional debe dominar, aún cuando sientas que el miedo te carcome el alma y te roba la calma. Todo pasa, es Ley Universal, eres tú quien decide que impacto va a tener y qué consecuencias va a dejar, para bien o para mal. 

En mil matices de grises, nos hacemos cicatrices.

La complejidad del comportamiento humano ha mostrado no tener límite alguno, hay quienes aparentan ser de una manera y terminan siendo de otra -y no necesariamente una buena- de allí quizá salió la inspiración de Robert Louis Stevenson para escribir su famoso libro “El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde“, aunque quizá sea bastante exagerado pensar que podemos llegar al caso tan extremo y siniestro que se presenta en dicha obra literaria.

En el mundo de las relaciones el respeto y la sinceridad son los pilares fundamentales -en mi humilde opinión-, ya que no se puede ir por allí diciendo una cosa y haciendo otra totalmente diferente, pero lamentablemente eso es lo que pasa. Hay personas que son capaces de mostrar una cara que ni siquiera tienen cuando de lograr sus objetivos se trata y ya alcanzados, se esfuman como un diente de león al soplar el viento; lo paradójico de ello es que jamás hubo necesidad de llegar a esos extremos, con solo pedirlo hubiese bastado.

El sexo es el punto de encuentro y de discrepancia en la relación entre hombres y mujeres, la mayoría de los caballeros busca un desahogo para mítigar sus ganas, la mayoría de las mujeres busca un compañero para satisfacer eso y todo lo demás. No es que pretenda engañar y decir que a nosotras no nos gusta el sexo -claro que nos gusta, quizá mucho más que a ustedes- pero no es la necesidad primaria que domina nuestra vida y quizá la evolución tuvo que ver en ello.

Hay un sinfin de amistades arruinadas por incluir el sexo en su menú, sin embargo, según  estudio realizado por Heidi Reeder, de la Boise State University de los Estados Unidos  el 76% de los casos la amistad se fortaleció al tener relaciones sexuales; habría que realizar el estudio en basados en la cultura latinoamericana a ver si concluye de la misma manera. Bizarramente, la mayoría de los hombres piensan que al tener sexo con una amiga esta inmediatamente hace el dibujito (la casa, los niños, el perro) y en vez de preguntar  suponen, lo que trae como consecuencia un cambio drástico en su actitud y trato, con el que “intentan”poner distancia y marcar la pauta, sin darse cuenta que lo único que logran es perderla.

Sin embargo, debo aclarar que hay buena parte del gremio  que disfruta jugar a ser la víctima, ingenuas por elección y voluntad propia que andan por allí metiéndose en camisa de once balas -a la que se le ven los daños a la distancia- y luego decir que no sabían absolutamente nada cuando las cosas se salen de su cauce y terminan completamente mal; como dice un refrán muy popular “De todo hay en la viña del señor”.

Nada como hablar, ser francos desde el primer momento, si tenemos a alguien a quien denominamos AMIGO con todas sus letras, es preferible no mezclar la gimnasia con la magnesia, y si decidimos que vale la pena correr el riesgo, seamos lo bastante claros y sensatos al subirnos a esa montaña rusa. Todos decimos que tenemos el control y no nos vamos a involucrar de otra manera, pero, como dicen por ahí “Una cosa dice el burro y otra, quien lo arrea”.

Una imagen. Mil palabras… 

Yo y mi mal hábito de ver tu perfil de vez en cuando y de cuando en vez…

Cuando Jan Koum creó Whatsapp -en el 2009 haciéndose popular en 2013 -jamás imaginó el impacto que tendría en el área de las relaciones interpersonales. Para nuestra década se ha convertido en una forma de comunicación casi que universal, permitiendo que nos contactemos con quienes queremos a pesar de la distancia, pero también nos deja saber como están aquellos con quienes no tenemos ninguna relación en particular. Cito esa app en específico, porque con sólo el número móvil tenemos una pequeña rendija para observar sin que ellos lo sepan -algo voyerista- si soy totalmente honesta.

Si anteriormente olvidar era difícil, ahora, con tantas herramientas de mensajería y redes sociales, es tres veces peor. Hace unos días leí en un artículo, que el promedio de tiempo para olvidar a alguien que quisiste oscila entre 14 y 18 meses -o algo así-; ahora con las herramientas tecnológicas la cosa se hace más complicada, de una forma u otra tienes como saber de esa persona. Tu lado racional te dice que debes poner distancia, pides a tus amigos que su nombre no salga en las conversaciones e incluso te prohíbes pensar en cualquier cosa que tenga que ver con lo pasado, llegando hasta a reprocharte si lo haces.

Pero la realidad es muy diferente, aún conservas su número móvil, y con el un acceso directo a verlo ocasionalmente en cada foto de su imagen de contacto en la app. Cada cierto tiempo, con la excusa de ver que fotos de perfil tienen tus contactos, te encuentras con la suya y no conforme con verla la detallas buscando algún cambio, compites en capacidad de análisis con cualquier especialista en rostros de una institución policial.

En algún momento te preguntas ¿Por qué esa actitud autodestructiva y masoquista?, no lo sabes. Dices una y otra vez que lo estás superando, que ya forma parte del libro de historias de tu pasado, que construiste una pared donde solía estar una puerta para regresar allí, pero eso no es del todo cierto, dejaste una pequeña rendija por donde puedes mirar cada vez que lo desees, sin entender el perjuicio que ello tiene; toma mucho tiempo reconocer el daño que nos hacemos, pero luego de internalizar y asumir, es cuando se hace lo correcto   sumprimiendo cualquier rastro de su presencia omnipresente; es decir, borrando su rastro de nuestra vida virtual.

 

Eres dueño de tus emociones, no el inquilino.

La vida es una vía férrea unidireccional, siempre debes ir hacia adelante, no puedes retroceder el tiempo para reparar lo malo que hiciste o impedir una situación que te cambió. Todos pasamos por algún momento que nos golpea, que marca, que nos obliga a ser completamente diferentes a quienes considerabamos ser. A partir de ahí, sentirse perdido es la norma y casi que la regla, caer en estado de negación es inevitable y todo lo negativo de esas dos sensaciones afecta notablemente, a no ser que tomemos el control -cosa nada fácil de hacer- pero como diría una frase célebre del brillante genio Albert Einstein “Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad“.

Leí alguna vez que las personas fuertes soportan grandes tormentas, pero luego de tantas veces caer es casi una necesidad, porque hasta la mejor represa tiene límites en la cantidad de volumen que puede contener y para nosotros aplica el mismo principio. Sucede que no tomamos la decisión de ser frágiles y vulnerables, debe pasar “algo” que termina siendo la gota que rebasa el vaso y causa el colapso físico y emocional, en el primero se somatiza -en mi caso particular, terminé sufriendo una convulsión cuando jamás había mostrado algún síntoma que sirviera de advertencia-, esa parte fue controlada medicamente, durante el lapso de dos años los fármacos fueron inseparables compañeros, actualmente -a Dios gracias- etapa superada; el colapso emocional, es otra historia.

Esa parte aún está en proceso de superación, a estas alturas del partido y luego de lidiar con sus consecuencias, aprendes que no puedes desligarte de ello así como si nada, se convierte en algo permanente, en una batalla campal entre la razón y la verdad contra los sentimientos de angustia y negatividad; por ahí dicen que no hay nada más difícil que luchar contra ti mismo y eso es absolutamente cierto. El tiempo y la voluntad lo hacen más llevadero, pero no significa que la carga sea más liviana sino que aprendiste a llevarla de una forma que no pese tanto.

Las experiencias nos convierten en quienes somos, en quién nos transformamos depende completamente de las decisiones tomadas, de la manera en la que  las enfrentamos cuando son todo menos agradables, pero por sobretodo en que entendamos que los errores no son para lamentarse sino para aprender las lecciones y ser cada día una mejor versión de nosotros mismos.

Dios aprieta pero no ahorca. (Dicen por ahí) 

Algunas veces la vida te pone en situaciones donde solo queda preguntarte si fue que te creyó Rambo -película de Silvester Stallone donde el personaje acaba con todos los malos sin importar el numero o la desventaja que tenga- o que simplemente es el tiempo para vivir esas experiencias.

Todo empieza -generalmente- con un problema o contratiempo pequeño, algo que piensas que puedes resolver sin mayor esfuerzo, hasta que te das cuenta de que viene con efecto avalancha arrastrando todo a su paso. Para ese momento, no tienes más remedio que aguantar y tratar de salir con el menor de los daños de semejante arrastre.

De nada sirve lamentarse, de nada sirve molestarse, en este tipo de casos aplica el dicho emblema de mi Ex Jefe: “Llorando y vistiendo al muerto”, lo que se traduce en: lidia como puedas, busca soluciones y preocúpate después; porque si caes en ese círculo vicioso de derrota, lamentación y auto compasión, habrás perdido mucho tiempo valioso y como todos sabemos, el tiempo no tiene botón de reversa.

Por último, ni se te ocurra preguntar ¿Hasta cuándo?  Porque -si algo enseñan la experiencia y los años- es que siempre puede haber más. En el momento de mayor agobio solo podemos respirar profundo, contar hasta 10 en números binarios, levantar la cabeza y actuar con inteligencia. ¿Lo demás? Por ahora está demás, así de simple. Y si, sabes de antemano que es más fácil decirlo, que hacerlo.

La vida en versos

En los albores del tiempo, en humanas condiciones
sentimientos encontrados, fantasías e ilusiones,
que duermen junto al recuerdo de pasadas situaciones
ocurridas hace tiempo, entre alegrías y dolores.

Los días pasan y pasan sin mirar lo que atrás queda,
tal vez porque ya no sirve vivir cargando las penas,
tal como si fueran cajas que transportan las condenas
acumuladas por años que dura nuestra existencia.

Cuando tu mundo termina esparcido en mil pedazos,
que se arrastran por el suelo como si fueran gusanos,
debes encontrar el modo de reparar lo dañado,
realizar transformaciones, reconstruir cada lado,
levantarte de las ruinas y así seguir tras tus pasos.

Si el Ave Fénix resurge a través de sus cenizas
es posible levantarse  por muy dura la caída
puede tome cierto tiempo esa rehabilitación
pero al final del proceso podrás sentirte mejor
y quedarás como nuevo para el ciclo repetir
y después de muchas vueltas aprender a ser feliz.

Carola.