En mil matices de grises, nos hacemos cicatrices.

La complejidad del comportamiento humano ha mostrado no tener límite alguno, hay quienes aparentan ser de una manera y terminan siendo de otra -y no necesariamente una buena- de allí quizá salió la inspiración de Robert Louis Stevenson para escribir su famoso libro “El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde“, aunque quizá sea bastante exagerado pensar que podemos llegar al caso tan extremo y siniestro que se presenta en dicha obra literaria.

En el mundo de las relaciones el respeto y la sinceridad son los pilares fundamentales -en mi humilde opinión-, ya que no se puede ir por allí diciendo una cosa y haciendo otra totalmente diferente, pero lamentablemente eso es lo que pasa. Hay personas que son capaces de mostrar una cara que ni siquiera tienen cuando de lograr sus objetivos se trata y ya alcanzados, se esfuman como un diente de león al soplar el viento; lo paradójico de ello es que jamás hubo necesidad de llegar a esos extremos, con solo pedirlo hubiese bastado.

El sexo es el punto de encuentro y de discrepancia en la relación entre hombres y mujeres, la mayoría de los caballeros busca un desahogo para mítigar sus ganas, la mayoría de las mujeres busca un compañero para satisfacer eso y todo lo demás. No es que pretenda engañar y decir que a nosotras no nos gusta el sexo -claro que nos gusta, quizá mucho más que a ustedes- pero no es la necesidad primaria que domina nuestra vida y quizá la evolución tuvo que ver en ello.

Hay un sinfin de amistades arruinadas por incluir el sexo en su menú, sin embargo, según  estudio realizado por Heidi Reeder, de la Boise State University de los Estados Unidos  el 76% de los casos la amistad se fortaleció al tener relaciones sexuales; habría que realizar el estudio en basados en la cultura latinoamericana a ver si concluye de la misma manera. Bizarramente, la mayoría de los hombres piensan que al tener sexo con una amiga esta inmediatamente hace el dibujito (la casa, los niños, el perro) y en vez de preguntar  suponen, lo que trae como consecuencia un cambio drástico en su actitud y trato, con el que “intentan”poner distancia y marcar la pauta, sin darse cuenta que lo único que logran es perderla.

Sin embargo, debo aclarar que hay buena parte del gremio  que disfruta jugar a ser la víctima, ingenuas por elección y voluntad propia que andan por allí metiéndose en camisa de once balas -a la que se le ven los daños a la distancia- y luego decir que no sabían absolutamente nada cuando las cosas se salen de su cauce y terminan completamente mal; como dice un refrán muy popular “De todo hay en la viña del señor”.

Nada como hablar, ser francos desde el primer momento, si tenemos a alguien a quien denominamos AMIGO con todas sus letras, es preferible no mezclar la gimnasia con la magnesia, y si decidimos que vale la pena correr el riesgo, seamos lo bastante claros y sensatos al subirnos a esa montaña rusa. Todos decimos que tenemos el control y no nos vamos a involucrar de otra manera, pero, como dicen por ahí “Una cosa dice el burro y otra, quien lo arrea”.

Una imagen. Mil palabras… 

Yo y mi mal hábito de ver tu perfil de vez en cuando y de cuando en vez…

Cuando Jan Koum creó Whatsapp -en el 2009 haciéndose popular en 2013 -jamás imaginó el impacto que tendría en el área de las relaciones interpersonales. Para nuestra década se ha convertido en una forma de comunicación casi que universal, permitiendo que nos contactemos con quienes queremos a pesar de la distancia, pero también nos deja saber como están aquellos con quienes no tenemos ninguna relación en particular. Cito esa app en específico, porque con sólo el número móvil tenemos una pequeña rendija para observar sin que ellos lo sepan -algo voyerista- si soy totalmente honesta.

Si anteriormente olvidar era difícil, ahora, con tantas herramientas de mensajería y redes sociales, es tres veces peor. Hace unos días leí en un artículo, que el promedio de tiempo para olvidar a alguien que quisiste oscila entre 14 y 18 meses -o algo así-; ahora con las herramientas tecnológicas la cosa se hace más complicada, de una forma u otra tienes como saber de esa persona. Tu lado racional te dice que debes poner distancia, pides a tus amigos que su nombre no salga en las conversaciones e incluso te prohíbes pensar en cualquier cosa que tenga que ver con lo pasado, llegando hasta a reprocharte si lo haces.

Pero la realidad es muy diferente, aún conservas su número móvil, y con el un acceso directo a verlo ocasionalmente en cada foto de su imagen de contacto en la app. Cada cierto tiempo, con la excusa de ver que fotos de perfil tienen tus contactos, te encuentras con la suya y no conforme con verla la detallas buscando algún cambio, compites en capacidad de análisis con cualquier especialista en rostros de una institución policial.

En algún momento te preguntas ¿Por qué esa actitud autodestructiva y masoquista?, no lo sabes. Dices una y otra vez que lo estás superando, que ya forma parte del libro de historias de tu pasado, que construiste una pared donde solía estar una puerta para regresar allí, pero eso no es del todo cierto, dejaste una pequeña rendija por donde puedes mirar cada vez que lo desees, sin entender el perjuicio que ello tiene; toma mucho tiempo reconocer el daño que nos hacemos, pero luego de internalizar y asumir, es cuando se hace lo correcto   sumprimiendo cualquier rastro de su presencia omnipresente; es decir, borrando su rastro de nuestra vida virtual.

 

Eres dueño de tus emociones, no el inquilino.

La vida es una vía férrea unidireccional, siempre debes ir hacia adelante, no puedes retroceder el tiempo para reparar lo malo que hiciste o impedir una situación que te cambió. Todos pasamos por algún momento que nos golpea, que marca, que nos obliga a ser completamente diferentes a quienes considerabamos ser. A partir de ahí, sentirse perdido es la norma y casi que la regla, caer en estado de negación es inevitable y todo lo negativo de esas dos sensaciones afecta notablemente, a no ser que tomemos el control -cosa nada fácil de hacer- pero como diría una frase célebre del brillante genio Albert Einstein “Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad“.

Leí alguna vez que las personas fuertes soportan grandes tormentas, pero luego de tantas veces caer es casi una necesidad, porque hasta la mejor represa tiene límites en la cantidad de volumen que puede contener y para nosotros aplica el mismo principio. Sucede que no tomamos la decisión de ser frágiles y vulnerables, debe pasar “algo” que termina siendo la gota que rebasa el vaso y causa el colapso físico y emocional, en el primero se somatiza -en mi caso particular, terminé sufriendo una convulsión cuando jamás había mostrado algún síntoma que sirviera de advertencia-, esa parte fue controlada medicamente, durante el lapso de dos años los fármacos fueron inseparables compañeros, actualmente -a Dios gracias- etapa superada; el colapso emocional, es otra historia.

Esa parte aún está en proceso de superación, a estas alturas del partido y luego de lidiar con sus consecuencias, aprendes que no puedes desligarte de ello así como si nada, se convierte en algo permanente, en una batalla campal entre la razón y la verdad contra los sentimientos de angustia y negatividad; por ahí dicen que no hay nada más difícil que luchar contra ti mismo y eso es absolutamente cierto. El tiempo y la voluntad lo hacen más llevadero, pero no significa que la carga sea más liviana sino que aprendiste a llevarla de una forma que no pese tanto.

Las experiencias nos convierten en quienes somos, en quién nos transformamos depende completamente de las decisiones tomadas, de la manera en la que  las enfrentamos cuando son todo menos agradables, pero por sobretodo en que entendamos que los errores no son para lamentarse sino para aprender las lecciones y ser cada día una mejor versión de nosotros mismos.

Dios aprieta pero no ahorca. (Dicen por ahí) 

Algunas veces la vida te pone en situaciones donde solo queda preguntarte si fue que te creyó Rambo -película de Silvester Stallone donde el personaje acaba con todos los malos sin importar el numero o la desventaja que tenga- o que simplemente es el tiempo para vivir esas experiencias.

Todo empieza -generalmente- con un problema o contratiempo pequeño, algo que piensas que puedes resolver sin mayor esfuerzo, hasta que te das cuenta de que viene con efecto avalancha arrastrando todo a su paso. Para ese momento, no tienes más remedio que aguantar y tratar de salir con el menor de los daños de semejante arrastre.

De nada sirve lamentarse, de nada sirve molestarse, en este tipo de casos aplica el dicho emblema de mi Ex Jefe: “Llorando y vistiendo al muerto”, lo que se traduce en: lidia como puedas, busca soluciones y preocúpate después; porque si caes en ese círculo vicioso de derrota, lamentación y auto compasión, habrás perdido mucho tiempo valioso y como todos sabemos, el tiempo no tiene botón de reversa.

Por último, ni se te ocurra preguntar ¿Hasta cuándo?  Porque -si algo enseñan la experiencia y los años- es que siempre puede haber más. En el momento de mayor agobio solo podemos respirar profundo, contar hasta 10 en números binarios, levantar la cabeza y actuar con inteligencia. ¿Lo demás? Por ahora está demás, así de simple. Y si, sabes de antemano que es más fácil decirlo, que hacerlo.

La vida en versos

En los albores del tiempo, en humanas condiciones
sentimientos encontrados, fantasías e ilusiones,
que duermen junto al recuerdo de pasadas situaciones
ocurridas hace tiempo, entre alegrías y dolores.

Los días pasan y pasan sin mirar lo que atrás queda,
tal vez porque ya no sirve vivir cargando las penas,
tal como si fueran cajas que transportan las condenas
acumuladas por años que dura nuestra existencia.

Cuando tu mundo termina esparcido en mil pedazos,
que se arrastran por el suelo como si fueran gusanos,
debes encontrar el modo de reparar lo dañado,
realizar transformaciones, reconstruir cada lado,
levantarte de las ruinas y así seguir tras tus pasos.

Si el Ave Fénix resurge a través de sus cenizas
es posible levantarse  por muy dura la caída
puede tome cierto tiempo esa rehabilitación
pero al final del proceso podrás sentirte mejor
y quedarás como nuevo para el ciclo repetir
y después de muchas vueltas aprender a ser feliz.

Carola.

 

Eso es todo amigos…

Después de tantos años, tantas idas vueltas, tantas palabras que significaron tanto pero que finalmente no sirvieron para nada, se acabó. 

Es increíble como los daños y no los años -como reza una canción de Juanes- develan quién es realmente una persona y en ese momento es bastante tarde para arrepentirse de haberle entregado a manos llenas miedos, verdades y sueños,  a la par de todo lo demás, que justo en este momento es lo de menos. 

Es absolutamente difícil no sentir que las emociones negativas se apoderan de ti por más inteligencia emocional que te jactes tener. Pero en mi caso ya no hay rabia que sentir, ni tristeza que manejar, solo una inmensa decepción porque cada situación termina demostrando que muchas personas son “actores estelares” con tal de conseguir sus propósitos.

Lo que queda por preguntarse es ¿Alguna vez pensaron siquiera un instante en lo que podía sentir el/la pobre tonto (a)?  La respuesta es NO en mayúsculas chillonas, porque cuando se es un vil egoísta, la consideración por los demás es una pérdida de tiempo. En este caso, te conviertes en una simple ficha de un juego del que no sabes nada hasta que te niegas a actuar como el mundo lo espera, siendo allí el momento de ver todo con total claridad. 

Hay quienes no entienden el poder de las palabras, el daño que pueden hacer, todo lo que puede estar implícito en una sola de ellas, aunque te tomes la molestia de explicarlo paso a paso como a un niño de primer grado. 

The Back up

Según Wikipedia, el respaldo es: “una copia de los datos originales que se realiza con el fin de disponer de un medio para recuperarlos en caso de su pérdida.” Cosa que funciona bien en el área de tecnologías de la información. En la vida real, sentir o saber que eres el respaldo de alguien es algo bastante ambivalente, porque si sucede con un amigo, sentirse privilegiado es la opción; por el contrario, si es con alguien a que encaja en la denominación de ex en todas sus categorías (amigo con beneficios, novio, salida y/o demás términos afines) la percepción cambia totalmente.

Sin querer queriendo empiezas a preguntarte: ¿reflejo esa percepción en quien se acerca, o acaso mi suerte es tan mala que eso es lo único que atraigo? si no es ninguna de las anteriores, buscas en lo más recóndito de tus acciones para ver si es el karma el que está pasando factura. Sin haber dilucidado cuál de todas las hipótesis es la correcta -ya que difícilmente podrás acertar- empieza la ardua tarea de cuestionarte acerca de si aceptar o no ser nuevamente “El Plato de Segunda Mesa”, expresión utilizada en mi país para definir a alguien que sólo está ahí para cuando se le necesita y nada más.

Lo antes expuesto implica, que lo último que se te puede ocurrir en una situación como esas es dejar que florezcan sentimientos, es completamente necesario convertirse en un ser frío y calculador para vivir una experiencia de esa naturaleza; si no puedes hacer eso, olvida por completo jugar a ser el respaldo de otro porque estarías tomando directamente de la cicuta y ya sabes cual es el funesto resultado.

Claro, esa es la parte racional, la parte consciente, la que sabe qué y cómo hace las cosas. Generalmente todo sucede de la forma equivocada, conoces a alguien, te gusta hasta la médula, tienen una química endemoniadamente genial, la consuman una y otra vez; hasta que un buen día aparece la realidad abofeteando con fuerza tu cara , diciéndote que la mágica relación que creíste tener, ni siquiera puede calificarse como tal, solo fue un simple espejismo. Y quedas ahí  con cara de póker, esperando, deseando, necesitando que te digan que todo lo que acabas de descubrir es una desagradable mentira.

Pero no lo es, es la cruda verdad en tus narices, sin darte espacio suficiente para voltear obligándote que la mires directamente,  que tomes acciones ya que la vida es un tren de carga sin frenos que sigue adelante así no estés preparado para lo que trae. Quedarte llorando en los laureles no es una opción, negarte lo obvio tampoco; la premisa es aceptar, asumir, definir y establecer parámetros para evitar caer cual presa en trampa. Porque no se puede olvidar que ese tren de carga algunas veces es muy cíclico y puedes terminar embarcandote en un vagón muy parecido al que ya subiste una vez.