Sobre la leche derramada

Cuando el gobierno patentó la frase: El territorio de lo posible, lo último que se podía esperar era que Venezuela llegara a los niveles más bajos de la economía mundial, eliminando la producción en rubros tan básicos como alimentos, medicinas y siendo ellos quienes manejan el 90% de las importaciones requeridas, controlando cómo, cuándo y cuánto puede adquirir un ciudadano. Algunos años atrás, cuando se hacía la advertencia de que esta situación se podía presentar, muchos respondían sin titubeo: “no vale, yo no creo”, por lo que ahora me pregunto ¿Se sentirán responsables por ello?.

Ciudadanos activos y preocupados por el nada alentador porvenir llevaron ese mensaje repetida e incansablemente a caseríos, pueblos, ciudades y también a la plataforma 2.0; encontrándose con incredulidad elevada a la enésima potencia y también con la renuencia de muchos a siquiera escucharlo. Siendo plenamente consciente de que el pasado es inalterable, me atrevo a preguntar: ¿Sería distinto si hubiesen escuchado con la conciencia que merecía? Es decir, entendiendo que no se estaba llevando un mensaje solo por cumplir con una meta o con una directriz -generada desde la capital del país- como muchas veces fue sugerido por ahí, sino que se intentaba advertir sobre la debacle que un buen tiempo después apareció con tendencia irreversible, esa que justo ahora tiene a muchos hombres y mujeres de bien al borde de la miseria; a unos cuantos ciegos por convicción defendiendo la desgracia y otra ínfima cantidad de ciegos por conveniencia como los más ricos de Venezuela.

La realidad golpea nuestro rostro con una fuerza descomunal, los errores generados y ocasionados por unos pocos están siendo pagados por millones, quienes sufrimos los flagelos de intentar vivir en el país con la mayor inflación a nivel mundial, con acceso limitado a productos, bienes y servicios; donde gritan a los cuatro vientos que el capitalismo es malo, pero la indumentaria vestida y mostrada por los principales representantes de la revolución muestra una cosa completamente distinta. Donde los venezolanos deben esperar una bolsa del CLAP cada seis meses, mientras los “líderes socialistas” y sus familias compran bolsas de GAP y demás marcas reconocidas, cuando les viene en gana.

Ese es el logro socialista, convertir a unos cuantos en acaudalados millonarios, mientras millones esperan las sobras; donde los empresarios honrados y decididos son los enemigos a “combatir” y a su vez la estrategia  de enfrentar “ciudadanos contra ciudadanos” es la regla, para que así no luchen contra los verdaderos responsables de convertir a la otrora “Tierra de Gracia” en la actual “Tierra de desgracia” en todos los sentidos.

Para quienes piensen que es exagerado, les insto a que se quiten la venda, que vean noticias de verdad, esas que muestran que los pacientes con cáncer no consiguen los tratamientos indispensables para luchar contra la enfermedad, que los hipertensos y diabéticos viven con el miedo y la zozobra de no conseguir los fármacos que les permite VIVIR, que hay personas que comen una vez al día “si acaso”; estamos en la nación donde conseguir un antibiótico para una simple amigdalitis se ha convertido en una Misión Imposible.

Venezuela, que luego de los años 40 se convirtió en la segunda patria para muchos migrantes que escapaban de las vicisitudes en sus países de origen, está atravesando el peor momento en su historia contemporánea sin que se haga nada para frenarlo. Quienes tienen la posibilidad de abrir sus horizontes e ir en busca de un mejor porvenir, se están encontrando con el rechazo de países “hermanos” en alguna oportunidad; tienen sus razones y eso no se desconoce ya que tristemente muchos compatriotas se han dado a la penosa tarea de poner el gentilicio venezolano a ras del suelo con sus acciones; pero no por ello deberían terminar pagando justos por pecadores. Si mal no recuerdo, también padecimos los estragos causados por migrantes dañinos que nada bueno aportaron; pero no por ello se le dio la espalda a quienes buscaron crecer y construir un buen futuro en nuestro país.

Esta es una realidad con muchísimas aristas y pocas o casi ninguna buena, podría decirse que nos encontramos entre la espada y la pared, sobrevivimos un día a la vez, unos con mejor situación que otros, hay gente que come de la basura, hay quienes aún hacemos maromas con el irrisorio ingreso que tenemos ya que la hiperinflación (no aceptada por el Gobierno nacional, claro está) hace que lo poco que ganamos se diluya como arena entre los dedos y están quienes cínica y descaradamente viven como reyes gracias a la corrupción e impunidad de un país donde las leyes son operadas por títeres a voluntad propia y conciencia plena.

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